Colapso de las bolsas de valores mundiales
El pasado año 2015 y principios de 2016 fueron un período verdaderamente impactante para los principales inversores
de todo el mundo.
Muchos operadores y analistas conocían los colapsos de los mercados financieros globales solo por los libros de texto y las revistas financieras, y pocos podríamos haber imaginado que presenciaríamos semejante colapso con nuestros propios ojos.
Diversos medios de comunicación informaron sobre el desplome de los índices de las superpotencias, cómo la caída de las bolsas de valores en ciertos países influyó activamente en los índices de otros países, y parecía que la pérdida de un solo elemento provocó el colapso de todo el sistema financiero, uno tras otro, en una reacción en cadena.
Eventos en China
Las noticias procedentes de China han tenido uno de los impactos más fuertes en el mundo financiero este año. La habitual subida del Índice Compuesto de Shanghái, que cotiza en la Bolsa de Shanghái, atrajo a inversores de todo el mundo.
Imagínense: de noviembre de 2014 a junio de 2015, el índice subió más de 2500 puntos. El aumento de la producción, una economía sólida y una mano de obra barata impulsaron el crecimiento de las acciones de las empresas más grandes de China y, como resultado, del índice adelantado, el Índice Compuesto de Shanghái.
Sin embargo, junio de 2015 resultó ser un día decisivo para la economía china. Siendo honestos, este colapso no se debió a cambios importantes en el país, al estallido de un conflicto militar ni a un cataclismo, sino más bien al simple estallido de la burbuja que llevaba tiempo gestándose en el país.
El hecho es que el crecimiento de la inversión en acciones e índices chinos fue tan grande que la situación económica real ya no era consistente con los fondos vertidos. En pocas palabras, todos fuimos testigos del habitual crecimiento artificial de los principales índices y precios de las acciones debido a la verdadera y fuerte inyección de dinero de los inversores, mientras que las empresas simplemente no pudieron seguir el ritmo de este crecimiento.
Así pues, llegó el momento en que la burbuja simplemente estalló, arrasando con el mundo entero. Debido al colapso de la bolsa china, podemos ver al S&P 500, al Nikkei 225 japonés y a prácticamente todos los índices mundiales caer un promedio del 8 %.

La misma historia se aplica a muchas acciones de grandes empresas. Probablemente nadie haya visto nunca esta imagen:
A pesar de todas las medidas que ha tomado China para estabilizar la situación, podemos ver claramente el declive de su moneda nacional, con el dólar fortaleciéndose significativamente frente al yuan:
No se puede decir lo mismo del mercado bursátil estadounidense; las acciones de las mayores corporaciones estadounidenses se desplomaron en cuestión de horas. El Dow Jones cayó un 5% y el Nasdaq un 6%; movimientos como estos no se habían visto en décadas.
La razón más probable de esta caída fue que los inversores entraron en pánico y comenzaron a vender acciones de empresas estadounidenses, lo que impulsó la tendencia bajista.
Se espera que los precios de los activos de estas empresas se recuperen en uno o dos años, casi a sus niveles anteriores.

